De la dictadura del proletariado a la dictadura del relativismo.Hasta hoy no he tenido tiempo de sentarme a escribir un post en el blog para comentar algo que oí el fin de semana pasado y que produce inquietud: la propuesta que ha hecho un destacado socialista español de revisión del acuerdo entre la Santa Sede y el estado español. Las razones que aduce esta persona son de lo más variado, como que induce al PP a retroceder en la ampliación de derechos que ellos han realizado, o bien que la religión (según algunos, y no solo socialistas) pertenece al ámbito privado, a la conciencia del hombre.
Ya sé que lo que se propone no es una ruptura de relaciones diplomáticas, sino una revisión de los tratados, y que a estas alturas del ciclo político no tiene ninguna concreción. Es también posible que no pase de una propuesta demagógica espetada para recabar votos y enardecer unas masas que por las circunstancias mitineras no han tenido mucho tiempo de reflexionar sobre la misma. Pero me parece muy poco coherente que se limite la ruptura solo a España. Si la religión pertenece al ámbito privado, como sostienen ellos, lógicamente deberían proponer a todos los países una ruptura total de relaciones con la Santa Sede. Aunque en esto llegarían tarde, pues ya se les han adelantado algunos.
Así, deberían preocuparse de que 190 países rompieran relaciones diplomáticas con la santa Sede, e incluso, ¿por qué no?, hacer una alianza de países que han cerrado nunciaturas contra los que no las han cerrado. El club de los ilustrados presionando al los pobrecillos que todavía colaboran con la Iglesia católica. Y lo mismo con las 21 representaciones de la Santa Sede en organismos internacionales nada desdeñables como la ONU, la OEA, la FAO, e incluso en la Liga Árabe, en las que, por lo visto, no deberían inmiscuirse los retrógrados vaticanos.
Pero tomándonos la propuesta rubalcabista un poco más en serio, quizá sea bueno recordar el sentido de la presencia de la Iglesia en las instituciones internacionales. La misión de la Iglesia es espiritual, aunque esta palabra no suene bien en nuestros días. Podemos utilizar otra, que quizá se entienda mejor: la iglesia reconoce y respeta la dignidad del hombre en todas sus dimensiones. La Iglesia quiere servir al hombre entero, materia y espíritu, cuerpo y alma, y para desempeñar mejor este servicio al hombre, la Iglesia tiene representación en estas instituciones, cuya misión es la del servicio al hombre. Un maravilloso punto de contacto, aun cuando, la misión de la Iglesia no es política, como cualquiera con un poco de sentido común sabe.
El conflicto no surge por parte de la Iglesia que sólo quiere libertad para desempeñar su misión, libertad que es propia de los regímenes democráticos. El conflicto surge cuando el estado limita la libertad de la Iglesia por una concepción materialista del hombre que se quiere imponer de modo dogmático. Esta limitación de libertad a la Iglesia busca imponer un tipo de sociedad, que no es precisamente la sociedad del bienestar, sino una sociedad hedonista sin moral, o con otra moral, dictada por la única ley que se acepta en nuestros días, que es la ley de "yo soy el que decide el bien y el mal". Esta moral quizá termine haciendo del opio (o la pasta, el alcohol, el sexo, etc.) la religión del pueblo. Ya hoy, ningún intelectual en su sano juicio sostiene que la religión sea el opio del pueblo; más bien la TV, las redes sociales, o el mismo opio, es la religión del pueblo.
Así la dictadura del proletariado ha sido sustituida por la dictadura del relativismo. Y las dos tienen un punto común: consideran la religión como el enemigo a derribar, porque es único que puede frenarles los pies y defender la auténtica libertad del ser humano, la libertad para buscar la verdad y seguirla.
También quiero recordar que la Iglesia ha renunciado hace mucho tiempo a la imposición de la verdad, respetando y afirmando la libertad del hombre con todas las consecuencias que esto tiene. Y, por supuesto, no es consecuencia de la libertad la ausencia de ley moral, más bien es la libertad la que nos lleva a buscar, para seguir, la ley moral, sin la cual la sociedad se destruye. Por ejemplo: no matarás es una ley moral; dígase lo mismo de no desearás la mujer de tu prójimo o no dirás falso testimonio ni mentirás. Son preceptos morales que están en la base de la dimensión social del hombre. Y otro ejemplo de donde se deduce una ley moral es el siguiente: los niños nacen de padre y madre y tienen derecho a nacer y derecho a vivir en una familia con su padre y con su madre. Por ello, la protección del más débil (el niño) se debe concretar en leyes que defiendan sus derechos, y no los debiliten como la equiparación legal del matrimonio entre varón y mujer con las uniones homosexuales.
Y otra consecuencia de la libertad es el derecho a la libertad religiosa que está amenazado en la actualidad española al querer reducir la religión al ámbito de lo privado. Por esto, Juan Pablo II en sus inicios de pontificado, propuso la libertad religiosa como una de las garantías de la democracia. Una sociedad es democrática cuando los ciudadanos pueden vivir en plenitud, y siendo respetados, su religión. Y esto implica no querer reducir la religión al ámbito de la conciencia. Y esto supone también que el estado, elegido libremente y pagado por las ciudadanos, tiene como obligación crear las condiciones para que los ciudadanos puedan ejercer sus derechos, entre ellos, la libertad religiosa.
Así que, si nuestro querido socialista fuera plenamente democrático, en vez de proponer lo que ha propuesto, debería mantener lo que hay, que es suficiente para la convivencia y para los derechos de los católicos y de los demás, incluidos los no católicos.