Ante el matrimonio ante (que no anti) notario

 

He oído pocos comentarios en los medios de comunicación sobre el matrimonio ante notario. Ha habido, es cierto, numerosas noticias ante esta decisión del actual ministro de Justicia Alberto Ruiz Gallardón, pero pocas entran en el juicio sobre este esta nueva modalidad de unión civil. Simplemente se afirma que agilizará los trámites, o que dará un alivio económico a los notarios, quienes en estos momentos están sufriendo las consecuencias de la crisis económica.

Me atrevo a juzgar esta medida de Ruiz Gallardón como negativa. Creo que Benigno Blanco, uno de los pocos han sabido decir algo sobre ella, tiene razón cuando afirma que lo que hay que hacer es apoyar a la familia, a la verdadera familia, que es un bien social y la célula fundamental de la sociedad. Y esta medida claramente, como él dice, no va a servir para apoyarla.

Quien esto escribe conoce de cerca los problemas afectivos, los sufrimientos y desorientaciones que producen en los niños de los divorcios de los padres, problemas que muchas veces emergen en un bajo rendimiento escolar o en sentimientos de culpabilidad en los niños. También conoce los sufrimientos de los cónyuges ante el fracaso de su matrimonio. Lo que no termino de entender es por qué se presentó, y se sigue presentando, el divorcio como progresista cuando en realidad es un fracaso. Es el fracaso del matrimonio y el fracaso del amor conyugal; Y un fracaso nunca es un progreso.

Una de las raíces del problema está en la confusión semántica que hay en el caso del matrimonio. Siempre he pensado que cosas distintas deberían ser designadas con palabras distintas. Un perro es un perro y un gato es un gato, y no creo que sea buena idea llamar a un perro gato y viceversa.

Por esto no es lo mismo casarse ante un sacerdote, o ante un concejal, notario o juez.  Hay una diferencia abismal entre lo primero y lo demás. Lo primero es un matrimonio. Lo otro es una unión civil.

Veamos: Un sacerdote como ministro sagrado, re-presenta a Dios o lo que es lo mismo, lo hace presente. Por eso, casarse ante un sacerdote es dar al matrimonio su dignidad más alta, pues es tener como testigo de la entrega esponsal a Dios. A Dios que es Padre, que entró en nuestra historia en Jesucristo, y que nos dio el Espíritu Santo. Y además es tener la garantía por la fe, de que los esposos van a tener una ayuda suya para llevar a cabo la gran tarea de su matrimonio: quererse y traer al mundo a la prole, que  es una de las finalidades del matrimonio.

¿Y casarse ante un juez, concejal o notario? ¿Qué ayuda trae? Es poner como testigo a un funcionario público de algo muy grande que es el amor entre dos personas. ¿Qué valor o efectos tiene este testimonio? Simplemente la validación de un contrato, pero nada más. Por esto la unión civil no puede pasar de una relación contractual ni tener un valor mayo que este. Sin embargo, el matrimonio verdadero, tengan o no fe los cónyuges, aquel al que normalmente el hombre y la mujer aspiran, es mucho más que un contrato; es una alianza entre personas, una comunión de vida y amor. Por eso me pregunto: ¿esto se puede hacer ante un funcionario? ¿Y en el juzgado, ayuntamiento o notaría? ¿Puede un hombre casar verdaderamente a dos personas? Si uno va al juzgado con intención de contraer matrimonio en este sentido, creo que  es fácil que salga defraudado. Por esto, la unión civil es radicalmente distinto del matrimonio ante Dios. Por ello, no es raro que se rompa. Sin embargo el verdadero matrimonio es de por vida: “lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”.

Y si hay alguien que haya llegado hasta aquí, y que se sorprenda de lo escrito, que va contra la tendencia habitual de la sociedad, y no tiene el gran don de la fe, para reconocer y amar a Dios, le diría, con cariño, dos cosas: busca a Dios en tu conciencia, pídele conocerle. Sé sincero con él. Ah, y no te creas todas las leyendas negras, provocadas por el príncipe de la mentira sobre la Iglesia católica.