Cuatro razones para ir de misiones este verano

Hola a todos! Como sabéis estamos intentado montar un grupo misionero para este verano, y quizá para el próximo. Hay algunas dificultades, entre ellas económicas y de fechas, pero seguro que las superaremos. Quiero poner aquí algunas reflexiones sobre este tema.

Me han dado que pensar las siguientes palabras de Pablo VI:

 «los hombres podrán salvarse por otros caminos, gracias a la misericordia de Dios, si nosotros no les anunciamos el Evangelio; pero ¿podremos nosotros salvarnos si por negligencia, por miedo, por vergüenza – lo que San Pablo llamaba avergonzarse del Evangelio –, o por ideas falsas omitimos anunciarlo?» (Evangelii Nuntiandi).

 Pensando un poco he encontrado cuatro razones para ir de misiones este verano:

Primera razón: hacer un bien a los demás. El mayor bien que alguien puede poseer es el amor de Dios. Y este lo transmiten los testigos. No se trata tanto de “hacer algo” o de un planteamiento de voluntariado, cuanto de dar a Dios y la fuerza de su amor. Hay muchísimos hombres que lo buscan, que necesitan encontrar el sentido de la vida; el sentido de la pobreza material, o una razón para vivir, después de haber probado todas las razones posibles y vivir en la depresión del sinsentido. En la misión iremos a ser caridad de Cristo para los demás al estilo de la madre Teresa de Calcuta. Este es nuestro objetivo, llegar a las personas que están esperando que alguien les hable de Dios.

 Segunda razón. Yo mismo quedaré evangelizado. Evangelizar es anunciar la buena noticia del amor de Dios a los hombres. Y el primero que la recibe es quien luego la transmite. Hubo una persona que lo hizo así: la Virgen María. Ella fue evangelizada por el ángel: “alégrate María, llena de gracia, el Señor está contigo.” Yo estoy seguro de que voy a ser evangelizado al hacer lo que hizo el ángel con la Virgen: llevarle la buena noticia del amor de Dios.

Tercera razón. Aprender de las personas con las que estemos. A veces tenemos una actitud de autosuficiencia cuando vivimos la vida. Nos creemos que lo sabemos todo, y entonces podemos empobrecernos. La Iglesia de los países del tercer mundo tiene mucho que enseñarnos para nuestra conversión personal, para renovar nuestra pastoral y para luego evangelizar en España. Por ejemplo, hemos aprendido del festival Anuncio cómo evangelizar en las calles de España

Cuarta razón: lo que le pasó a Fulton Sheen, un gran obispo de Nueva York. Una vez fue a visitar a una chica que estaba muriendo, y al entrar en su habitación encontró que era una de las más desordenadas que jamás hubiese visto. Fulton Sheen le preguntó que si quería morir en paz, y la chica le dijo que era demasiado mala para que Dios le perdonase. El obispo le comentó algunas parábolas del Evangelio, y la chica accedió a pedir perdón de sus pecados, sabiendo que iban a ser perdonados por la misericordia de Dios. Más tarde curó, y se convirtió en una de las colaboradoras más fervientes de Fulton Sheen, al hablar a todos de la misericordia divina. Así se expande el amor de Dios.